
Si importante y efectivo es el viento nacionalista cantábrico, más aún es aquel que azota sospechosamente la península ibérica de cabo a rabo, y que es capaz de combatir con garantía contra cualquier otro soplo que se precie. Me refiero como no al viento monárquico, que a modo de tifón sacude hispania especialmente en tiempos de prosperidad y alegría por el nacimiento de la nueva infanta Sofía, una nueva candidata a robar las cotizaciones de los españoles sirviéndose pañales por doquier para después defecar en ellos y recordarnos con alevosía que ella es otra Borbón y que ahí va su truño.
Y ahora se observa más cercana la posibilidad de un cambio constitucional para asegurarle a su hermanita la sucesión a la corona. En mi opinión deberían esperar a su desarrollo, pues los parentescos de la pequeña no es que sean muy prósperos; No hay más que observar a la primogénita de los actuales monarcas y a su Marichalar, al que aun hoy hay que colorearle los cubiertos para que los distinga y no coma sopa con tenedor en palacio, que esta muy mal visto según "nuestro querido" Peñafiel. Y que decir de la hija de estos, una perfecta candidata a posar en las meninas de Velázquez tras un bonito perro postrado. Demos pues las gracias, a que esta opción de cambio en la orden de sucesión (masculina y machista) no se haya producido hasta ahora, puesto que sinó España habría de amparar económicamente (que lo hace) patrimonios tales como la trenza de la infanta Elena, o las muletas de su querido.
Aunque sea así, con Don Felipe y Doña Leticia, las ancianas de España podrán presumir de un candidato guapete que nunca tuvieron en casa. Y las madres de España encontrar en Leonor y Sofía los nombres que llevaban buscando toda su vida para sus hijas. Habrá que esperar a la educación de las pequeñas, porque con los vientos que corren es difícil explicarle a una niña que gogó no es una profesión respetable para infanta, por mucho que le “mole” el trance o los barbitúricos. Y sobre todo que no se comporten como una golfa de palacio, que para eso ya reinó Isabel II.
Y ahora se observa más cercana la posibilidad de un cambio constitucional para asegurarle a su hermanita la sucesión a la corona. En mi opinión deberían esperar a su desarrollo, pues los parentescos de la pequeña no es que sean muy prósperos; No hay más que observar a la primogénita de los actuales monarcas y a su Marichalar, al que aun hoy hay que colorearle los cubiertos para que los distinga y no coma sopa con tenedor en palacio, que esta muy mal visto según "nuestro querido" Peñafiel. Y que decir de la hija de estos, una perfecta candidata a posar en las meninas de Velázquez tras un bonito perro postrado. Demos pues las gracias, a que esta opción de cambio en la orden de sucesión (masculina y machista) no se haya producido hasta ahora, puesto que sinó España habría de amparar económicamente (que lo hace) patrimonios tales como la trenza de la infanta Elena, o las muletas de su querido.
Aunque sea así, con Don Felipe y Doña Leticia, las ancianas de España podrán presumir de un candidato guapete que nunca tuvieron en casa. Y las madres de España encontrar en Leonor y Sofía los nombres que llevaban buscando toda su vida para sus hijas. Habrá que esperar a la educación de las pequeñas, porque con los vientos que corren es difícil explicarle a una niña que gogó no es una profesión respetable para infanta, por mucho que le “mole” el trance o los barbitúricos. Y sobre todo que no se comporten como una golfa de palacio, que para eso ya reinó Isabel II.
















