
El hombre es capaz de dominar las especies y su medio, y de destruirlas asimismo con total impunidad. Al menos esto es lo que nos venden diariamente en cualquier medio en el que se exalte la naturaleza: La naturaleza a los pies del poderoso.
Y cuando un poderoso frente a un grupo indiferente respeta su medio, se convierte en un bohemio o ecologista sin causa, más que en un tipo frustrado, que observa como sus acciones son negativamente compensadas por individuos desinformados.
El problema, probablemente sea esta información; cuando se glorifica a los hombres, situándolos por encima de su medio, el hombre pasa a convertirse en dueño del mismo, capacitándole en influir tanto en la extinción de un animal tropical, como en el calentamiento de un planeta. Al no reconocerse ni autor, ni víctima, el ser humano se desvincula de un proceso evolutivo, y adapta los recursos existentes a un periodo tan corto como el de su propia vida.
La consecuencia de todo esto es un ser irresponsable, al que hay que reinsertar con educación en un espacio de tiempo tan suficientemente pequeño como para no enseñarle la lección convirtiéndolo en víctima de un desastre. Algo tan difícil como arruinar a un rico en una partida de cartas y convencerle además de que su ritmo de vida tiene que cambiar.
Si los informados (que por alcance deberían ser educadores o los propios medios de comunicación), hablasen de la naturaleza como un acto eventual aunque prorrogable, quizás sus habitantes serían conscientes de que la culpable de cualquier extinción es ella misma. Es decir, como persona no soy capaz de crear o impedir un desastre, pero sí de minimizar sus efectos. Puede que así, el humano se colocase por debajo de su medio, sumiso a él, y aprendiese a asegurar una herencia biológica con actos tan humanamente básicos (para su capacidad intelectual), como procesar sus residuos, e intentar disminuirlos. Solo así la excepción no sería el bohemio, sino el ignorante.
Se dejaría entonces de pensar en naturaleza irreversibles, que en realidad no son más que admisiones de culpabilidad y un "a mi no me va a tocar". Para todos los que aún lo piensen, solo pueden mantener su autenticidad y coherencia fijándose en el mundo animal para arrimarse a la única y más viable forma de respetar el medioambiente: desarrollar su propia extinción y no tener descendencia.